Muchos funcionarios entienden que todo el esfuerzo que deben realizar se acaba en el momento que aprueban una oposicíon y consiguen su puesto. Muchos políticos entienden que después de conseguido el cargo con saludar y salir por la tele han cumplido. Y dejando a las excepciones de lado, que no dudo que las habrá, algo debe pasar en esta sociedad, para que todo el mundo aspire a vivir del cuento. Si a estos les añadimos los que quieren ser famosos, tenemos un problema de narices.
Todas las mañanas paso por un peaje en el que, casi siempre, una amable señorita, a veces un amable caballero, me desea los buenos días, efusivamente y con una gran sonrisa. Es algo que te anima el día. Mi compañera y yo lo hemos comentado muchas veces: cuando no ocurre lo echamos mucho de menos. ¿Te imaginas que una buena parte de los que nos rodean tuvieran esa misma actitud? Sería increible y muy positivo.
Pero esto es una excepción en general. No te digo si hablamos del sector público. Cuando te encuentras alguien que te trata con amabilidad, que compruebas que quiere ayudarte, te chirría todo. Es tan poco habitual. Porque lo normal es que traten con una total indiferencia, con nula amabilidad. Eso si directamente no se apean del respeto. ¿Por qué tenemos que soportar esto?
Puedo entender que alguien esté estresado, que considere que tiene mucho trabajo o que no está bien pagado. Puedo entenderlo, aunque le enfrentaría con la realidad muy rápido, con unas vacaciones en casa cada vez que le pongan una reclamación. Pero aunque pueda comprenderlo, no entiendo porque los que sufren esa situación son los que pagan la fiesta. Una empresa privada que funcionase así acabaría cerrando o los empleados maleducados o ineficientes en la calle. Una empresa privada normal, en una economía normal, porque hay empresas que son como ministerios.
Tenemos que conseguir que todo el mundo trabaje en este país. No se trata de que los que ya lo hacen se rompan la espalda -hay mucha gente al límite de su capacidad, casi todos ellos con contratos temporales curiosamente-, sería suficiente con que los que trabajan poco o solo van a fichar trabajen la jornada que les corresponde. Si les pagamos, que trabajen. No es pedir mucho. El que no lo haga a la calle. Es de sentido común.
Y para acabar con las prebendas la clase política que es la que tiene que predicar con el ejemplo. No se si nuestros diputados tienen pocos o muchos días de vacaciones, me da igual. Pero cuando tengan que trabajar que trabajen. Si ellos no tienen asumido que el mandato que se les ha dado es para que trabajen, y dado que no podemos votarles directamente, pasa de su partido y entrega tu voto a otro que apueste por cambiar el sistema.
Dejemos las castas para la India, que aquí no podemos permitírnoslas. Mandarles cada cuatro años en bloque a su casa sería una muy eficaz medida de regeneración democrática. Hagámoslo un par de legislaturas y veremos las cosas cambiar: sistema autonómico, educación, justicia, reforma laboral…
Atentamente, de este Tonto que te aprecia.